Meade podría ser el próximo presidente de México

José Antonio Meade podría ser el próximo presidente de México, y si así fuera se convertiría en el primero del Partido Revolucionario Institucional sin militancia oficial en el PRI.

01 diciembre 2017 |

Antes dio un paso necesario: renunció a la titularidad de la Secretaría de Hacienda Pública y Crédito Público (SHCP), una de las tres carteras que desempeñó durante la actual administración del presidente Enrique Peña Nieto.

El mandatario le aceptó la renuncia en ceremonia celebrada en la casa presidencial de Los Pinos, donde además fueron juramentados nuevos titulares de la SHCP y de Petróleos Mexicanos (Pemex), en una cadena de cambios en el gabinete, aunque todos enfocados en los comicios federales de julio de 2018.

Para entonces se elegirá al nuevo presidente de la República, y será renovado el Congreso de la Unión, léase la Cámara de Diputados y el Senado.

Hay otros cargos de elección popular, que incluyen a nueve gobernaciones y alcaldías, y miembros de juntas municipales.

El acto no fue nada fortuito. Tampoco las palabras de Peña Nieto sobre Meade, toda vez que el mandatario tiene la voz cantante para proponer a su sucesor en la silla presidencial.

Meade, recordó el gobernante, se desempeñó como canciller, secretario de Desarrollo Social y al frente de la SHPC.

Como canciller reposicionó a México en el mundo y defendió a los connacionales en el exterior. En su puesto como secretario de Desarrollo Social diseñó la estrategia para recortar los índices de pobreza y exclusión entre 2014 y 2016.

Durante su rol como titular de Hacienda defendió las finanzas públicas y campeó con éxito el entorno internacional difícil que ha enfrentado una economía abierta, como la mexicana. En resumen, dijo Peña Nieto, todo lo hizo bien.

Resulta Meade desde ya una jugada cantada de Peña Nieto para sucederle al frente de la Presidencia de la República.

Pero es mucho más: resulta el primer aspirante independiente presidencial (no milita en el PRI), luego que el partido de gobierno, el que más ha gobernado en el país por décadas, liberara candados de sus estatutos al respecto.

En el camino quedan fuera varios miembros del gabinete federal, en particular el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, presidenciable hasta hoy, pero marcado por el incremento de la inseguridad y la violencia. También los secretarios de Salud, José Narro, y de Educación, Aurelio Nuño.

Narro (69 años) es un académico, médico y político con larga trayectoria en todos esos ámbitos, pero sin, al parecer, pegada mayor en los grupos de poder que rodean a la actual administración.

Aurelio Nuño, 40 años, y a todas luces joven talentoso político, tiene en su haber imponer la reforma educativa que provocó manifestaciones de rechazo en sectores magisteriales del país, sobre todo en las zonas más pobres.

A Nuño le tocó el tradicional papel de policía malo, pero lo hizo. La Reforma Educativa es una realidad, pese a sectores magisteriales sindicales.

Si bien Peña Nieto tiene gran influencia en la designación de su sucesor, el PRI hoy es otro y hay aspirantes que darán batalla por su designación. Pero sería difícil imaginar que el partido del mandatario se divida a la hora de nombrar a su abanderado a la Presidencia de la República.

A estas alturas ese no parece el problema mayor que preocupan a Peña Nieto y a Enrique Ochoa, quien encabeza el Comité Ejecutivo Nacional de la organización política que casi tiene el sello México, por los años en el poder.

Del otro lado hay otro nombre: Manuel López Obrador, presidente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), quien a estas alturas va delante en las encuestas en intención de voto para la silla presidencial.

También representa el enojo de sectores sociales, hartos de la corrupción y otros males que aquejan a la política y sociedad mexicanas, según Obrador.

En su contra tiene el desgaste que provoca intentar dos veces consecutivas ganar el máximo puesto del país, siempre con la denuncia de haber sufrido fraude, algo que unos aceptan y otros desmienten.

Hay que sumar la campaña mediática gubernamental e incluso la preferencia de la administración de Estados Unidos, que maneja formas e incluso declaraciones de instituciones financieras internacionales interesadas en augurar una debacle económica para un México con presidente 'populista'.

Pero a su favor López Obrador tiene el comandar la agrupación política más joven del país con registro nacional y con mayor crecimiento.

Incluye estar en campaña por todo el país por meses, aunque sin contrario, algo que debe cambiar en las próximas semanas, no solo por el lanzamiento de Meade.

Obrador tiene sin su favor a la alianza denominada Frente Ciudadano por México, ya aceptada por el Instituto Nacional Electoral y suma al Partido Acción Nacional (PAN, derecha, que gobernó durante dos sexenios consecutivos), el desdibujado Partido de la Revolución Democrática (¿centro izquierda?) y Movimiento Ciudadano (MC), en parecida esquina política, aunque comodín en tiempos electorales.

Pero a lo interno de esa alianza la bronca es tal por la designación de los cargos que muchos ven difícil su futuro, aunque en la concreta no son pocos los del PRD, y no descartar del MC, que se van con López Obrador.

Será una elección bien difícil, con el PRI tratando como pueda de estar en el poder y desplegando su maquinaria, la más aceitada y de experiencia; y de seguro con el apoyo de Estados Unidos, un factor que no hay que desdeñar.

Morena tuvo su prueba de fuego en los comicios del año pasado en los que perdió el estado de México, y evidenció que le faltan fuerzas y elementos para defender el voto.

La próxima prueba, en 2018, será a todo meter e incluida la tercera de López Obrador por la Presidencia; la vencida.

A estas alturas su contrincante, José Antonio Meade, tecnócrata, aparentemente libre de culpas sobre el PRI, también hizo lo suyo recorriendo el país como secretario de Desarrollo Social, un puesto que le dio miradas en sectores necesitados.

Pero no hay que descartar la violencia en elecciones que se anuncian difíciles para el partido de gobierno. En la historia reciente de México ya murió asesinado un aspirante del PRI; al respecto, cito a Wikipedia:

'El asesinato de Luis Donaldo Colosio (1950-1994), candidato a Presidencia de la República por el Partido Revolucionario Institucional, ocurrió el miércoles 23 de marzo de 1994 a las 5:12 de la tarde, hora del Pacífico, 7:12 hora de la Ciudad de México.

'La muerte de Colosio se considera el primer magnicidio cometido en México desde el asesinato de Álvaro Obregón del 17 de julio de 1928. Por el enrarecido ambiente político en el que sucedió, además de los errores, omisiones y desatinos que se cometieron en el curso de la investigación, este caso generó grandes sospechas e incredulidad entre la población.

'La opinión popular que prevalece es que se trató de un complot orquestado y dirigido en el seno del propio PRI'. Esto hay que tomarlo en cuenta pues el ambiente político se va a enrarecer en México, sobre todo si López Obrador tuviera posibilidades reales de ganar la Presidencia de la República.

Con tales antecedentes, México elegirá presidente en julio de 2018, pero la batalla ya comenzó.

*Corresponsal Jefe de Prensa Latina en México.

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